12 de noviembre de 2010
La declaración que uso el alcalde de Campeche para cambiar a funcionarios de su gabinete no tiene un sentido lógico.
Ya que dijo que lo hizo para refrescar y no por incapacidad de los que fueron cambiados, sin mucho análisis si ese era el problema, con que los hubiera mandado a duchar con agua fría lo resolvía.
O será que en realidad lo que sucedió fue que ante el cuestionamiento, utilizo un lenguaje canfinflero para salir del paso, porque no pudo aclarar contundentemente el motivo de modificar su gabinete, quedando la evidencia de que como batutero no es muy diestro que digamos.
Alcanzamos deducir que se emana impericia administrativa, y se puede concluir que el paquete ya le está quedando grande con varios compromisos que debió de resolver del pasado, y que se los está cobrando el presente, y tendrá un gran costo en el futuro.
Sí tomó la decisión de hacer cambios, se esperaban en posiciones importantes, y no que se notara que solo se cumple con los cuates y las cuotas.
El tamaño en la toma de decisión, demuestra el poco carácter para resolver, lo que se tiene que componer, lo que se debe fortalecer.
Ante la debilidad no esperemos la claridad, ante la contradicción no esperemos la solución.
Por eso como decía Jesús Cantú: Prefirió cacarear el huevo con los “famosos cambios” ante la ausencia de resultados, la publicidad y las relaciones públicas; ante la terca realidad, la respuesta virtual.