20 de diciembre de 2010
Los diputados del congreso del estado de Campeche que aprobaron el presupuesto, demostraron una mentalidad Bonsái porque no lo analizaron a profundidad, pero también puede ser que unos están motivados por competir para ganarse el premio de cortesano del año ante el Titular, y ver que les dan más adelante. Otros porque pueden ser proclives a la pleonexia y no tienen límites, de todas formas en ambos casos, pasarán a la historia convirtiéndose en coautores del endeudamiento del estado.
Porque demuestran ser simulación para parecer opción, quieren hacerle creer a los ciudadanos que son probos, pero se confabulan para afectar al pueblo promoviendo intereses personales según ellos sin que se note; aprueban un gasto desmedido que da pauta a pensar, que sigue el reparto de los privilegios y las canonjías.
En muchos casos sus acciones son evidentes, que incluso algunos prefieren parecer cándidos para que no se note que mienten, otros ante la prisa cometen errores burdos que se notan a distancia; además que varios de ellos demuestran que padecen el síndrome de la precariedad y puede ser contagioso.
Desde fuera, se observa que quieren aparentar ser diferentes pero son iguales, hay quienes actúan con astucia pero no con inteligencia, porque al final se descubren actos y pretensiones, a veces se ven tan distraídos o están tan desinformados que no proponen fondo solo forma.
Ante las evidencias, no pueden fortalecer la percepción de que sirven para elección, no muestran la certeza de beneficiar sino de perjudicar, no dan alternativas y por eso solo entregan disyuntivas.
Por eso demuestran que no están para servir a la sociedad, la cual debe estar atenta para descubrir y exhibir los pactos que hagan en su contra.
Hay que expresarles a estos fingidores lo que Nietzsche decía: “Solamente aquel que contribuye al futuro tiene derecho a juzgar el pasado”. Después no tendrán derecho a réplica.