26 de febrero de 2011
El síndrome de Bukharin está en Campeche, este economista soviético que decía: “En la economía las soluciones rinden más que los problemas; en la política, los problemas valen mucho más que las soluciones”.
Esto se debe, a los constantes problemas que genera el gobierno del estado utilizando a grupos manipulados, y luego manda a sus funcionarios a “resolver” las complicaciones originadas, pero por supuesto con la clara intención de llevarse los laureles, porque al remover las aguas busca obtener una mejor pesca.
Todo esto forma parte de una estrategia recurrente pero perversa, que funciona si el de enfrente es lerdo y timorato, o a lo mejor porque está cooptado o sobornado.
Otra razón, puede ser porque el que gobierna, sabe de la falta de armonía del oponente y lo fructifica, además que ve que no existe un plan para contrarrestar su abuso persistente, y por eso estará aprovechándose constantemente del antagonista.
Pero la ciudadanía es la que resulta mayormente afectada ante la falta de equilibrios serios, porque el que tiene el poder se vuelve autoritario, injusto; y al avasallar al otro, de manera natural subyuga a numerosos ciudadanos.
Ante estas circunstancias, los ciudadanos debemos exigir la equidad y no la arbitrariedad, exhibir todo lo que afecta al pueblo y que a ellos no les importa, combatir la vileza disimulada que desde lejos se ve y se intuye la verdadera intención.
Pero como dice un proverbio anónimo: “Hay que cuidarse de las apariencias porque son más mentirosas que las mentiras”.