Campeche 4 de mayo de 2011
El llanto de la tortuga es una constancia de este gobierno, se vive quejando de los recortes presupuestales, pero no quiere explicar de manera clara el manejo de los recursos públicos y que utiliza discrecionalmente.
O sea, el gobierno se queja y pide, pero le cuesta aclarar su uso de manera transparente a quién es su verdadero dueño, el ciudadano.
Cualquier gobernante que se precie de tener voluntad política y sea eficaz, puede utilizar con mayor eficiencia los dineros del pueblo, disminuyendo el gasto en rubros irrelevantes, y que son conocidos por la gran mayoría de los ciudadanos, no debemos resignarnos al recurrente gimoteo.
Hay que suplir los lamentos por un verdadero proyecto de estado, en donde la toma de decisiones sirva para solucionar las demandas ciudadanas.
El gobernante gasta en excesivos eventos y cortes de listones que solo frivolizan las actuaciones, y muchas veces la logística cuesta más que el beneficio.
Debe hacer y no decir, ante la adversidad no recurrir a la queja sino crear, construir e innovar. Buscar mecanismos y generar las condiciones que sirvan para beneficiar a los ciudadanos.
El gobierno debe dejar de robustecer a los aduladores y chantajistas, de proteger a los grupos fácticos que viven traficando con influencias, y han depredado históricamente presupuestos que mantienen un lento desarrollo del estado.
Es fundamental usar con honestidad y transparencia lo que se tiene, porque el gobernante no puede estar permanentemente invocando justicia fiscal a la federación, cuando al pueblo le aplica una justicia fiscal simulada.
Se continúa un manejo claroscuro de las finanzas del estado, porque desde hace meses el ejecutivo, debió entregar la nómina y el monto de litros de combustible que gasta y no lo ha hecho, incumpliendo la ley.
Por congruencia, la validez de pedir debe tener vínculo con la de entregar.